Enseñanzas, siempre buenas, pero ojalá todo el reproche -pasión prisionera-tuviera forma de bala: directa, reciente, de trayectoria única. El pellizco duele por guardado, por rancio, por callado.
Del quebranto me repondré, sin duda, y seguiré mirando a la cara de el/la que me quiera amar sin red, escuchándome cuando me oiga y mirándome cuando me vea.
Dulce olvido, pero tristeza de no haberme sabido mostrar. Sospeché el desafío, libertad varada en la arena de lo conveniente. Faltaban manos, sobraban bocas, huían ojos. Enseñanzas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario