14.9.09

Eslovenia, por soleares

Enseñanzas. Alguna viajera magulladura. Me encuentro cardenales que no esperaba, y que duelen un poco cuando, incrédula, los vuelvo a apretar.
Aún así, no los quiero, los chalecos antibalas. Pesan demasiado, como el orgullo al que prefiero renunciar si he de pedir perdón. Perdón es una bonita palabra. Acaba con la boquita cerrada, de humano bueno.
Enseñanzas, siempre buenas, pero ojalá todo el reproche -pasión prisionera-tuviera forma de bala: directa, reciente, de trayectoria única. El pellizco duele por guardado, por rancio, por callado.
Del quebranto me repondré, sin duda, y seguiré mirando a la cara de el/la que me quiera amar sin red, escuchándome cuando me oiga y mirándome cuando me vea.
Dulce olvido, pero tristeza de no haberme sabido mostrar. Sospeché el desafío, libertad varada en la arena de lo conveniente. Faltaban manos, sobraban bocas, huían ojos. Enseñanzas.

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