
De vuelta a Gredos. Ni el frío del refugio, ni el sueño mil veces interrumpido, ni el peso de la mochila quitan ilusión al nuevo ascenso. Todo compensa. Somos l@s más madrugadores, y ascendemos en soledad por palas y corredores blanquísimos flanqueados por colosos que nos muestran con orgullo sus aristas. (Y me tientan).
Tras un último tramo de trabajoso piolet, asoma la cumbre (2.564 m) , esta vez pelada y aparentemente accesible. Pero para acceder a dama tan galana, era necesario proteger un paso con patio hacia ambos lados . Yo, personalmente, encantada con la escalada final, que nos conduciría, entre bloques, a ventearnos satisfech@s sobre la última piedra que la corona. Enfrente, el Almanzor la mira y se enamora, esperando una nueva pangea.
Cuando vuelvo a Madrid después de actividades y lugares como éstos, siempre tengo la impresión de volver a una gran mentira
2 comentarios:
¡Hola
como yo lo entiendo .... es tan difícil dejar atrás la tranquilidad de la naturaleza y volver a la rutina...
sabes?
descubri después de leer lo que escrito aquí que também soy licanista. :)
¿hay algo mejor en el mundo que la naturaleza, la luna, el agua (mar, de preferencia), los amigos y la risa acompanhads un buen vino? sólo el amor. porque el amor nos hace sentir con más fuerza
besos
Gracias @ por tus comentarios...la verdad es que cada vez tengo más claro que la llamada interna a lo auténtico, los ciclos naturales y lo sencillo es lo que me hace más feliz.
besos
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